
La enorme energía suministrada por el choque fundió la corteza terrestre al completo dejando caer gran cantidad de restos incandescentes al espacio. Con el tiempo, se formó un anillo de roca alrededor de nuestro planeta hasta que se formó la Luna. Su órbita inicial era mucho más cercana que la actual y el día terrestre era mucho más corto porque la Tierra rotaba más deprisa. Durante millones y millones de años, la Luna ha estado alejándose lentamente de la Tierra.
Una vez formada, la Luna experimentó un periodo cataclísmico, entre 3800 y 4000 millones de años, en el que la Luna y los otros cuerpos del Sistema Solar sufrieron violentos impactos de grandes asteroides. Este período, conocido como bombardeo intenso tardío, formó la mayor parte de los cráteres observados en la Luna. Más tarde se produjo una época de formación de volcanes que conllevó a la emisión de grandes cantidades de lava, que llenaron las mayores cuencas de impacto formando los mares lunares y que acabó hace 3.000 millones de años. Desde entonces, poco más ha cambiado en la superficie lunar aparte de la formación de nuevos cráteres debido al impacto de asteroides.